Crónica: Festival Motocultor 2026 (2ª Parte)

Sábado: El despliegue ecléctico

Con temperaturas algo más bajas pero el polvo en suspensión cada vez más presente, arrancó la que se podría describir como la jornada más heterogénea del festival. Fueron los surcoreanos Hollow Jan quienes nos despertaron a base de voces desgarradoras y pasajes instrumentales emotivos y melancólicos. Esta peculiar fusión entre una voz típica del screamo con una parte instrumental más cercana al post-rock nos dejó sorprendidos y complacidos. El contraste de texturas creó un ambiente que se sentía vulnerable y furioso a partes iguales, y sumado a una puesta en escena que se sale de lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de eventos (camiseta blanca inmaculada como uniforme), nos mantuvieron atónitos durante todo el bolo. Una de estas bandas que si no fuese porque un festival de estas características nos ofrece la posibilidad, probablemente no habríamos descubierto nunca.

Orden Ogan aparecen sobre el main y dan un giro rotundo a la jornada hacia el power metal melódico. Guitarras potentes y muy nítidas, junto a un muro de voces aderezadas con coros pregrabados, consiguieron una atmósfera épica que se ganó a aquellos asistentes con una mentalidad menos purista y crítica hacia los backing tracks.

De la grandilocuencia de los alemanes, pasamos a la crudeza y densidad de los suecos Grave. Estas leyendas del death metal clásico no pudieron acudir con su formación original al completo, pero igualmente tocaron un setlist de la vieja escuela: “Soulless” nos obligó a levantar el puño mientras “Into the Grave” despertó el circle pit más intenso de todo el show.

Llega el turno de Leprous y el despliegue de técnica y flexibilidad vocal de Einar Solberg, capaz de manejarse en un registro vocal agudo como pocos en directo. Los de Noruega consiguieron montarnos sobre una montaña rusa emocional gracias a la teatralidad que despliegan en el escenario. Demostraron con temas como “The Sky is Red”, que nos dejó en trance, que virtuosismo y emotividad pueden ir perfectamente de la mano.

Slift nos sacó de esa majestuosidad y nos sumergió en un viaje lisérgico. La energía que este trío francés consigue en el directo te sacude irremediablemente y te arrastra a un agujero negro de fuzz y psicodelia pesada. La compenetración sobre las tablas entre los integrantes se percibe de manera muy clara en gestos como una batería que sale de la habitual última fila para ocupar la misma línea que cuerdas y voces. El tema Ummon demostró que es un himno, y la banda que ya está absolutamente consolidada a pesar de que, para muchos, todavía fueron un descubrimiento.

Tras unas cuantas respiraciones profundas para aterrizar y volver a sentir los pies sobre el suelo polvoriento del Site de Kérampuilh, decidimos descubrir por qué una banda de covers como Frog Leap ocupaban espacio en el cartel. Lo que en un principio se podría interpretar como algo de relleno o un slot perdido, se convirtió en un oasis de diversión ligera ya pasado el ecuador de un evento con más de 100 bandas. Tantas horas de música en directo e intensidad acaban pasando factura a nuestra capacidad de procesar y analizar lo que estamos viendo, y este proyecto de versiones metaleras de canciones mainstream famosas convirtió la carpa en una escena digna de una boda a altas horas de la madrugada. El descanso mental que no sabíamos que necesitábamos antes de la celebración por excelencia de esta edición: Perturbator. Con la noche encima, miles de almas (ya más zombies que humanas) nos congregamos ante la explanada del escenario principal para entrar en un estado de trance solemne y masivo. Las ráfagas de luces estroboscópicas y juegos geométricos de luces LED se entremezclaban con majestuosas imágenes de estatuas clásicas y una intensidad de sonido abrumadora. El dúo de batería y sintetizador (o guitarra convertida casi en uno a base de pedales) consiguió un sonido pesado, violento, casi futurista, pero a la vez orgánico. No tenemos claro por qué la electrónica oscura suele agradar tanto a los oyentes de metal extremo, pero ha quedado clarísimo que este proyecto francés ocupa un lugar de honor dentro del género. El sábado terminaba de la forma más magnética y visualmente impactante posible.

Domingo: Leyendas y bandas emergentes

Última jornada y el cansancio y la nostalgia ante algo que sientes que está a punto de acabar se mezclaban a partes iguales, aunque Motocultor todavía nos tenía preparados muchos platos fuertes. Heavy/Hitter fueron los responsables de ponernos en marcha a golpe de breakdowns y tempos asfixiantes. Un pogo en ebullición constante ante un setlist que, si bien no resulta ser el más dinámico, aportó una brutalidad honesta y efectiva. Salimos antes del final para ver algunos de los últimos temas de Heretoir, que por algún contratiempo no pudo hacer su show completo. Poco tiempo pero suficiente para constatar que los alemanes tienen su espacio bien merecido dentro de la escena blackgaze.

Red Sun Atacama trajeron de vuelta el paisaje desértico al domingo. La adrenalina que destilan sobre las tablas, y el carisma de su guitarrista y vocalista, generaron una atmósfera frenética perfecta para terminar de despertarnos. Posiblemente uno de los secretos a voces mejor guardados del panorama del stoner rock y fuzz psicodélico actual en Francia.

El día nos tenía preparado un cambio drástico de registro con la llegada de Fit For An Autopsy a la explanada principal, que para ese entonces ya se había convertido en una densa nube de polvo. Cualquier gesto que desde el escenario se hiciese para motivar un circle pit o un wall of death desencadenaba un movimiento automatizado para cubrirse boca y nariz con cualquier tela cercana en una gran parte del público. Temas como «Black Mammoth« y «The Sea of Tragic Beasts« de los de Nueva Jersey fueron las piezas perfectas para desatar el caos y completar la estampa post apocalíptica. La combinación de brutalidad típica del deathcore y pasajes melódicos de tintes progresivos y atmosféricos, junto con un setlist muy depurado para la ocasión, hizo que los 45 minutos de los que disponían nos supiesen a poco.

Al relevo llegaron Signs Of The Swarm para ofrecernos la cara más ruda y violenta del deathcore moderno: baterías con ritmos casi inhumanos, riffs de guitarras con afinaciones bajísimas y las inconfundibles e insanas texturas vocales porcinas de Simonich provocaron un aluvión de cuerpos sobre el foso.

Nos alejamos del apocalipsis para adentrarnos en el mundo de fantasía medieval de Castle Rat, que hizo las delicias de los amantes del doom metal. Una carpa abarrotada para ver e inmortalizar, móviles en mano, la performance teatral perfectamente coreografiada. Riffs pesados y potentes, cotas de malla, máscaras, luchas de espadas y el magnetismo de la “Rat QueenRiley Pinkerton provocaron una marea de cabezas convulsas y miradas atónitas a partes iguales. Un directo singular que merece la pena ver, con el único “pero” de que no sorprende a quienes lo hayan disfrutado anteriormente.

Abandonamos la mazmorra para introducirnos en un aquelarre con Witch Club Satan. Las noruegas son unas expertas en generar incomodidad: desde el primitivismo y crudeza de su sonido black metal, pasando por sus speeches cargados de proclamas políticas feministas, hasta su puesta en escena inquietante pero cuidada hasta el último detalle, casi vanguardista, en la que todo está dirigido a descolocar al público. Y lo consiguen, tanto con curiosos como con fieles del género en su versión más tradicional.

Avanza la tarde y llega otro momento de doloroso solape: el torrente de energía de Airbourne y el viaje introspectivo de Monkeys on Mars. Tomamos posiciones para ver salir al escenario al torbellino australiano, que no inventa nada pero convence a todos. Dosis en vena de rock and roll puro y frenético y un frontman con una actitud prácticamente demente, hacen de sus directos una experiencia física a la que es imposible no caer rendido. Después de su single de regreso “Gutsy” conseguimos abandonar el caos frenético en el que se había convertido la pista y, con una sonrisa dibujada en la cara, dirigirnos hacia la carpa que estaba dando cabida a la fantasía psicodélico-espacial del supergrupo franco-suizo.

Ni un solo crowd surfer ni moshpit, en su lugar miles de cabezas se balanceaban lentamente y al unísono. El proyecto Monkeys on Mars (Monkey3 + Mars Red Sky al completo) se traduce en un descomunal despliegue de doble batería, bajo, guitarra y voz con un teclado en el centro del escenario. Un éxtasis visual y sonoro en el que la atención y los ojos viajan constantemente de una melodía a otra, de un músico a otro, y vuelta a empezar. La rotundidad y riqueza de sonido fue única.

Deafheaven arrancó sin concesiones para devolvernos al mundo real en cuestión de segundos. Un muro de sonido bello y claustrofóbico inundó el recinto consiguiendo una abrumadora respuesta del público. Un directo de los de San Francisco es un acierto asegurado, y en esta ocasión no fue menos. La personal expresión corporal y vocal de George Clarke y las dinámicas de volumen e intensidad juegan con tus emociones y te atrapan. Con un sonido pulidísimo y un setlist que hizo un recorrido por su discografía constataron que se puede dejar huella sin necesidad de un impacto directo. Temas como “Dream House”, encargado de dar el cierre, son ya un himno definitivo dentro del blackgaze.

De una banda con una trayectoria que apenas supera la quincena, pasamos a otra que casi alcanza las cuatro: las leyendas vivas Judas Priest. Aunque las dimensiones del Dave Mustage no permitieron que los representantes por antonomasia del heavy metal clásico pudiesen desplegar su show completo, gigantescas pantallas y juegos de luces acompañaron la secuencia de legados sonoros que movilizaron al público en masa una vez subsanado el desajuste de volumen que opacó los primeros temas.

Poco antes del final decidimos deslizarnos entre el extasiado público para escuchar una pequeña parte de la propuesta de los alemanes Coltaine. Densidad, melancolía y sensualidad a raudales bajo una densa y mística niebla artificial aislaban a la carpa y público del bullicio exterior.

Haciendo acopio de las últimas energías, y al borde del colapso sensorial, nos movemos para situarnos delante del escenario del que sería nuestro último bolo mientras a lo lejos los parisinos Shaârghot hacían vibrar el suelo de una manera descomunal. Arch Enemy se presentaron frente a un público especialmente expectante ante el debut en sociedad de la nueva vocalista de la banda, Lauren Hart. Su presencia y capacidad técnica pulverizaron de inmediato cualquier atisbo de duda. La conexión con la audiencia fue indiscutible desde el inicio, pero el clímax absoluto llegó de la mano de la icónica «Nemesis«, que desató los mosh pits más salvajes de la madrugada antes de cerrar de forma magistral con el outro de «Fields of Desolation«.

Impresiones y experiencia personal

Nuestra primera impresión del festival ha sentado un muy buen precedente por diferentes motivos: las magníficas carpas (de las que otros eventos podrían tomar nota) que ofrecen sombra, una calidad de sonido impecable, buena ventilación y una experiencia muy similar a la de una sala; el terreno inclinado frente a los escenarios principales que te asegura una buena vista desde prácticamente cualquier punto; la ausencia de masificación que permite desplazarse por el recinto sin agobios ni colas eternas para llenar el vaso o ir a un baño (siempre limpio y con papel); numerosos puntos de agua y zonas de sombra en el recinto para afrontar la ola de calor; la posibilidad de ver los directos en las primeras filas sin grandes dificultades; la cercanía y extroversión del público bretón en general, así como del personal del evento, que hace casi imposible no entablar varias conversaciones con desconocidos a lo largo del día; un ambiente en el que los conciertos se viven con intensidad, pero también de forma respetuosa; la carpa de Macumba entre el recinto y la acampada general, que se convierte cada noche en un after sin complejos… y así podríamos seguir extendiéndonos indefinidamente.

La acampada que nos correspondía como media, a los pies del Château de Kerampuilh y compartida con asistentes VIP y de movilidad reducida, estaba ubicada en una explanada desprovista de sombra que, en el contexto de una canícula, convirtió los toldos en un bien muy preciado con el que evitar hornearse en el interior de las tiendas. Las instalaciones de baños y duchas, que estaban siempre disponibles con una espera mínima y limpios, podrían haber proporcionado una experiencia cómoda del primer al último día del evento si hubiesen contado con mantenimiento.

De la misma forma tuvimos acceso a la zona VIP dentro del recinto, que nos dió la principal ventaja de un bar con sombra y sillones para los momentos en los que necesitábamos un respiro. La estructura de varios niveles ubicada lateralmente a los escenarios principales, colocados en tándem, permitía tener una vista lejana pero más tranquila para aquellos que huyen del gentío.

Ya para concluir, Motocultor se presenta como una alternativa fuerte a eventos masificados, que te permite vivir una experiencia alejada de la sensación de haber entrado en una instalación pensada para hacerte sacar la tarjeta a cada paso con la música como excusa. Con una calidad de bandas sobresaliente y una cantidad más que suficiente, un sonido a la altura y un espacio pensado única y exclusivamente para disfrutar de los conciertos, sin decoraciones de ensueño ni espectáculos más allá de los que suceden sobre los escenarios y entre el público, este festival francés nos ha dejado un número de bolos disfrutados mayor de la que podemos digerir, una gran resaca emocional y una mochila cargada de buenos recuerdos que esperamos seguir llenando en próximas ediciones.

Texto: Sara Nogueras
Fotografías: Cristina Trespando

Agenda: Mr. Goliath + Black Stokers en Oviedo

La formación madrileña Mr. Goliath, proyecto personal del talentoso guitarrista Pablo Kayadi, recalará el viernes 18 de septiembre en el ovetense Gong Galaxy Club. Tras su paso en marzo de 2025 por el Kuivi acompañando al combo francés Dätcha Mandala, regresa a los escenarios asturianos acompañado por la banda local Black Stokers.

El combo afincado en Madrid presentará su nueva obra de estudio «L’Enfant Terrible» que verá la luz oficialmente ese mismo día. Editado de forma independiente a través de Mr. Goliath Records, la grabación respeta fiemente las raíces blues rock y stoner del proyecto, priorizando las translación al directo capturando la energía cruda de la instrumentación.

Nacidos en 2024 Black Stockers se caracteriza por un sonido fuertemente inspirado en el rock de los años 70 y 80. Su repertorio combina composiciones propias con potentes versiones de clásicos del género. Entrada anticipada 10€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://salagong.com/evento/mr-goliath-black-stokers/

Crónica: Festival Unirock (28-29/8/2026)

Y llegó el día. Siempre en nuestro calendario, la ineludible cita en Puerto de Vega nos esperaba un año más. Tener la suerte y el privilegio de contar en Heavy Metal Brigade con un maravilloso equipo de colaboradores y amigos minimizó nuestras carencias para ofrecer un trabajo a la altura que merece el Unirock.

Así nuestra primera avanzadilla la protagonizó nuestro infatigable Miguel Rubio que llegó en la jornada de viernes a tiempo para asistir a la masterclass que Pablo García despachó sobre la historia del rock a través de la guitarra eléctrica incluida en las actividades programadas desde bien temprano y que hicieron las delicias de los unirockers más menudos. Grandes y pequeños disfrutaron de una amena ponencia que dejó claro que lo de «la materia ni se crea ni se destruye, solamente se tranforma» también es aplicable a la música, y en este caso a la guitarra.

El tiempo vuela y más en estos casos. Un parpadeo y estás de lleno en el clásico programa de radio Unirock, en esta ocasión conducido por Adriana y Rubén de Helvete Radio acompañados por Larry y Maitane de Diario de un Metalhead. Arrancaron con una entrevista a Simón García, miembro de la organización del Unirock y voz en Legacy Of Brutality y los portugueses The Ominous Circle con los que actuará en Oviedo el próximo 24 de octubre.

Continuaron con Pablo García, el de Warcry desglosó su evolución a la guitarra desde sus primeros tiempos con el instrumento, su paso por Relative Silence y Presto con los que llegaría a telonear a uno de sus ídolos del momento, el controvertido Yngwie J. Malmsteen. También su «secreto» más preciado, la piedra filosofal que busca todo guitarrista y que está al alcance de tod@s. Trabajo, dedicación, pasión y tiempo, no hay más receta que el aprendizaje constante y el amor por el instrumento al que te dediques. Todo ello desde la cercanía, la humildad y la pasión por la docencia que caracteriza al ovetense. El colofón al programa estaría dedicado al XV aniversario de Diario de un Metalhead donde relataron los grandes hitos alcanzados en su trayectoria como ser jurado de la Wacken Metal Battle y el reconocimiento dentro de la prensa especializada estatal. Nuestro sincero agradecimiento y felicitación a los responsables de la retransmisión del programa que nos permitió disfrutar de las entrevistas en directo y así poder documentar esta parte tan especial del festival.

La jornada de sábado arrancaría pasado el mediodía ya con el refuerzo de nuestra correcaminos Carmen González en labores gráficas, pásate por su galería fotográfica de ambiente, posiblemente te haya cazado, y unos Blister que han conseguido que no se entienda el Unirock sin su presencia en la sesión vermú. Repetían con Patricia Cuesta (Gaia, Nadira Indra) al frente y volvieron a regalar a la ya numerosa parroquia congregada en la explanada del muelle una interpretación siempre pulcra de himnos imperecederos de la historia del rock.

Tiempo justo para recuperar fuerzas y a las 15 horas arrancaba el tributo, la verdadera joya de la corona del festival. Más de 160 músicos y 49 canciones, en muchas ocasiones con tres generaciones protagonistas sobre el escenario, simplemente unidos por la pasión por la música, el rock y la camaradería. Un modelo único, podría aventurarme a decir en el mundo, que crece año a año en cantidad y calidad y que sin duda merece expandirse para seguir reafirmando un relevo generacional que suena a chiste en Puerto de Vega. El espíritu unirock está ahí, no se monopoliza puede replicarse, pero para conseguir este ecosistema musical hay que tener mucha dedicación y alimentar esa pasión de abuelos a padres y estos a hijos, y eso no se consigue de inmediato, solamente transmitiendo de generación en generación el amor por la música.

Un más que merecido recuerdo a Mario Herrero y Jaime Lopez Gayol adornaban el escenario itinerante de un tributo que dejó momentos emotivos como la interpretación del clasico «Children Of The Grave» de Black Sabbath por Nici, Diego y Fran compañeros de Mario en Drunken Buddha acompañados por Pedro (Beast Inside) y Rober (Sküld). El «All We Are» de Warlock y un «Thunderstruck» de AC/DC por unos infantes que seguro nos van a dar muchas alegrias en el futuro y el «Dolores Se Llamaba Lola» de Los Suaves con un protector Pablo García acompañando a una jovéncísima alineación que seguro recordarán ese momento toda su vida.

La velada avanzaba, nuestro Miguel Rubio tomaba buena muestra del público asistente (galería) y la climatología cambiaba radicalmente de la soleada mañana a una lluvia fuerte e intermitente que a más de uno pilló por sorpresa, camino a Puerto de Vega como a un servidor o encima del escenario como a muchos de los tributos de la tarde. Era el momento de los conciertos del festival, Mala Reputación eran los encargados de dar inicio a la fiesta en una explanada del puerto que presentaba un aspecto magnífico.

Concierto histórico el suyo, con poso a despedida tras el posterior anuncio de la banda unos días después, y es que los Mala emitian un comunicado oficial anunciando su disolución definitiva para finales de 2027 tras 29 años de carrera. Ajenos a cualquier circunstancia adversa, el sonido por momentos no jugaba a su favor, despacharon un show honesto, vibrante e intenso ante una gran cantidad de fieles que desafiaron a la lluvia en pos de una conexión sincera y emotiva con los cangueses.

La tercera visita de Iron Savior a suelo asturiano supuso un nuevo desembarco del metal alemán de alta gama en Puerto de Vega tras el paso de Rage el pasado año. La formación liderada por el incombustible Piet Sielck despachó una actuación potente y enérgica en la que no faltaron sus himnos más reconocibles tras 30 años de trayectoria y si bien no presentaron ningún adelanto de su próximo disco «Deathbringer«, anunciado oficialmente para el 13 de noviembre sorprendieron al cerrar su paso por el Unirock con un ultra coreado «Breaking The Law» de Judas Priest.

Aumentando las revoluciones a medida que avanzaba la húmeda noche asturiana, Iron Savior alcanzaron el climax con su gente con la interpretación de su icónico himno «Heavy Metal Never Dies«. El público lo disfrutó sin filtros mientras que la particular climatología local parecía hacer mella en el veterano vocalista, según confesaba el bueno de Sielck instantes después.

Segundo aniversario de la jornada, en esta ocasión los 50 años de la publicación de álbum «Virgin Killer» de Scorpions por Uli Jon Roth, guitarra de la banda de Hannover en 1976. Había algunas dudas de que nos íbamos a encontrar el sábado 29 de agosto en Puerto de Vega, si una versión minimalista del artista teutón o una formación al completo, fruto de su reciente paso en solitario por el burgalés Zurbarán Rock. Afortunadamente Unirock había apostado por la versión al completo del proyecto y todos pudimos disfrutar de una interpretación histórica en Asturias.

Regresó la lluvia al festival para bañar de más misticismo la actuación del virtuoso guitarrista. Una atmósfera mágica impregnó el ambiente y el correr de los temas no hizo más que acrecentar la soberbia ejecución que partía del escenario. «Picture Life» , «The Sails of Charon» o «In Trance» hacían las delicias de un público entregado al talento y feeling de un Roth conectado espiritualmente con su icónica Sky Guitar. Impagable su cierre de concierto con el homenaje al malogrado Jimi Hendrix y una «All Along The Watchtower» que a más de uno, entre los que me incluyo, hizo asomar alguna lágrima.

El folk rock astur volvió a tener presencia en el Unirock, en esta ocasión con los gijoneses Skontra como abanderados. Ofrecieron una auténtica fiesta de punk rock combativo, denuncia social y hermandad para subir la adrenalina de una parroquia aún en éxtasis místico tras la descarga de Uli Jon Roth.

Tercer aniversario del día, 25 años de carrera les contemplan, derrocharon energía y actitud para desatar los primeros pogos de la noche. Poco importaba la lluvia a estas alturas había que poner el mejor colofón a la noche y nada mejor que un buen torbellino de bailes y saltos. Y es que nunca falla la llamada a filas a través de una gaita asturiana. Un gran broche para la edición más internacional del Unirock.

Solamente queda cerrar esta simple crónica con los más sinceros agradecimientos a la organización por el trato cariñoso que siempre nos dispensan, tanto a mi persona como en esta ocasión a los compañer@s Carmen González y Miguel Rubio. Siempre es un placer recibir el abrazo sincero y las buenas palabras que nos dispensais. Larga vida al Unrock, viva el espíritu Unirock.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: Miguel Rubio / Carmen González

Crónica: Festival Motocultor 2026 (1ª Parte)

Motocultor Festival 2026: Intensidad, cercanía y polvo en la Bretaña francesa.

Acudimos por primera vez desde Heavy Metal Brigade a este festival bretón que se caracteriza por su esencia íntima, sin masificaciones ni grandes artificios, pero con un cartel digno de eventos mayores. En esta decimoséptima edición, con una asistencia acumulada de 61.000 metaleros, Carhaix-Plouguer nos recibió con una climatología extrema (que puso a prueba el aguante de más de uno) y con la posibilidad de contemplar el eclipse solar en un contexto de lo más peculiar: la warm up celebrada el miércoles previo al inicio del festival en una de las plazas centrales de un casco histórico que merece la pena recorrer, con un público de lo más heterogéneo y tributos a Queen y Metallica como banda sonora. Una tarde única que ya forma parte de nuestros mejores recuerdos del Motocultor 2026.

Jueves: Toma de contacto y sorpresas

Llegamos al Site de Kérampuilh con mucha expectación por lo que encontraríamos dentro del recinto. Nos recibe un espacio abierto, con diferentes puestos informativos y un pequeño mercado, que servía como espacio divisorio entre una zona con dos carpas de estética circense y la explanada que alberga los dos escenarios principales, colocados en serie y de tamaño idéntico. Al fondo de estos, el acceso a la zona VIP. Unearth ya sonaba sobre uno de los main. Al refugio de la sombra, logramos disfrutar de una parte de este directo potente, con melodías de guitarra muy trabajadas y un buen despliegue de melenas sincronizadas al viento. Los pioneros del metalcore de Massachusetts consiguieron movilizar a un considerable grupo de atrevidos que desafiaban las temperaturas y al sol de justicia; el ambiente se percibía ya efervescente y esto no había hecho más que empezar.

Guiados por un riff de guitarra pegadizo que escuchamos durante el roadtrip hasta Carhaix, pasamos a una de las carpas para ver a la banda que sería una de las grandes sorpresas de esta edición. Me la juego a decir con seguridad que así fue también para todos los colegas de medios que me acompañaron. Los australianos Battlesnake, incatalogables en forma y estilo, aparecieron en el escenario ataviados con túnicas dignas de dioses greco-romanos recién salidos de una fiesta disco de los setenta. Su derroche de energía y actitud nos dibujó a todos una sonrisa en la cara casi de forma automática. Sonido rotundo, redondo y contundente, temas que evolucionan del heavy metal clásico al thrash, con guiños al hard rock setentero incluidos. De Sam Rhea brotaban voces que por momentos transmitían una agresividad casi diabólica, histriónica… dignas de un villano de cómic, en otros momentos pasaban a ser totalmente narrativas o melódicas; siempre impecables. Saben desenvolverse con perfecta teatralidad, comicidad y soltura en el escenario y, aprovechando todas las posibilidades que este les ofrece, consiguen contagiar de su caos extático al público al instante. De lo más fresco que hemos disfrutado en directo en tiempo. Si, como nosotros, no los conocías, hazte el favor de ponerlos en tu radar para no perder la oportunidad de verlos.

Con el subidón todavía en el cuerpo y canturreando compulsivamente el riff de “Nightmare King, nos acercamos a la segunda carpa para un cambio drástico: el cantautor Brieg Guerveno y su interesante propuesta de rock progresivo/folk, en idioma bretón y formato de banda completa. Dejamos atrás el frenesí y las risas para pasar a una atmósfera más introvertida y solemne. Tanto fieles seguidores locales y curiosos disfrutamos de un setlist que incorporó temas de su álbum más reciente y trabajos previos más cercanos a la sonoridad del metal. Una propuesta muy personal que nos sirvió como primera ventana para asomarnos a la cultura de esta región.

Continuando con el objetivo principal de huir de los abrasadores rayos del sol nos desplazamos en masa a la otra carpa para disfrutar de la intensidad de la banda francesa de metal extremo Pilori. Su descarga de violencia sonora funcionó como una bofetada de realidad que despertó los primeros grandes circle pits y walls of death del festival.

Tras un descanso para reponernos, llega el turno de uno de los cabezas de cartel de la primera jornada: Godsmak. Era un histórico y esperado debut en festivales europeos veraniegos. Los estadounidenses llenan estadios al otro lado del charco, y aquí, ante un aforo menor, se percibía como un evento exclusivo y emocionante. No faltó la mítica batalla de baterías entre Shanon Larkin y Sully Erna, que además, justo antes de que empezasen a sonar las primeras notas de “Voodoo”, sacó a relucir al escenario la vieja y humilde guitarra de 8 dólares con la que compusieron temas de su primer álbum, All Wound Up, allá por 1997. Como no podía ser de otra manera, “I Stand Alone y los coros constantes del público cerraron el bolo de una forma épica. Sin duda sus himnos atemporales y su sonido nítido y denso constituyeron uno de los momentos más potentes de la jornada.

Dejamos el Dave Mustage para mezclarnos entre una multitud de fieles apelotonados a la espera del servicio litúrgico de Amenra. No es sorpresa de nadie que los belgas son unos maestros a la hora de generar una atmósfera sobrecogedora e hipnótica, que a veces se encoge para hacerse íntima, vulnerable, casi inaudible, para después expandirse con una intensidad desgarradora y agónica. En cuestión de minutos, y gracias también a su puesta en escena basada en contraluces extremos, habían convertido la carpa en una suerte de refugio emocional que invitaba a los asistentes a una vivencia catártica. Fue realmente una experiencia muy similar a la de una sala, a pesar de tratarse de un evento open air, gracias a la cobertura sobre el escenario. Conciertos como este lo agradecen enormemente. Colin H. Van Eeckhout mostró su cara un poco más de lo habitual mientras temas como De Evenmens o «A Solitary Reign nos mantuvieron en trance.

Si Amenra nos metieron en una burbuja en la que el tiempo se paró, Primus la pinchó para llevarnos, sin pedir permiso, a un viaje experimental y bizarro, en el que la batería de John Hoffman servía como motor y nexo de unión entre las armonías percusivas y disonantes que se generaban entre cuerdas y voz. Ver a Les Claypool y su despliegue de virtuosismo al bajo y contrabajo eléctrico (ataviado con su máscara de cerdo) es algo que hay que hacer alguna vez en la vida. Agradecemos enormemente al Motocultor habernos ofrecido la oportunidad de tachar este hito de la lista tras casi una década de ausencia de esta banda californiana en los escenarios europeos. Mención especial para el alarde de voz de Mark Osegueda, cantante de Death Angel, que apareció sobre escenario para un improvisado cover homenaje a Dio y su emblemático tema Holy Diver a la Primus.

Terminamos la primera jornada con el crossover thrash de Municipal Waste. Los de Virginia supieron ganarse al público con el último empujón de adrenalina de la jornada, generando un mar incesante y frenético de crowd surfers incluso antes de que temas que funcionan a modo de grito de guerra, como “The Art Of Partying y “Born To Party, sonasen. La cerveza bretona y la dureza del clima del día ya hacían mella.

Viernes: Misticismo folk e iconos

A diferencia del jueves, que empezó sin contemplaciones ni calentamiento, el viernes arrancó de una forma más calmada. Llegamos para ver el oasis místico de Stille Volk, una de las bandas pioneras y más respetadas del neofolk y folk pagano francés. Merece la pena ver su despliegue de instrumentos típicos de la época medieval, como la zanfona, el laúd o la gaita, que acompañados de voces cavernosas y solemnes nos transportaron siglos atrás. Una rara avis dentro de un festival de metal y música extrema, pero que un público de mentalidad abierta como el del Motocultor supo encajar a la perfección.

Tocó el turno de IOTUNN, que desde los primeros acordes de temas como “Twilight o Kinship Elegiac, desplegó un sonido impecable, nítido y demoledor. Las complejas y pesadas líneas de guitarra de los hermanos Jesper y Jens Nicolai Gräs tejieron un muro sónico hipnótico que nos invitó a un viaje abisal mientras que el alarde de voz y presencia de Jón Aldará nos dejaron boquiabiertos.

Cambiamos de escenario para ver la propuesta de la banda francesa Hrafngrimir, que ofreció un despliegue de dark pagan folk con el que nos trasladamos a una liturgia nórdica. Una puesta en escena magnética, que se sintió más como un ritual que como un concierto, acompañada de percusiones que inducían a un trance rítmico. El juego de voces de Mattjö y Christine nos caló hasta la médula y nos puso el vello de punta. Habían dejado el listón muy alto y al público conmovido.

Textures llegaron para devolver la agresividad a la jornada. La banda neerlandesa, pionera en el sonido djent, llegó al Motocultor con su esperado nuevo álbum bajo el brazo, aunque la locura colectiva estalló de verdad cuando rescataron sus grandes clásicos. La emotividad masiva de “Awake desató intensos mosh pits en el centro de la pista. Precisión y fuerza bruta a partes iguales nos movieron completamente a otra faceta del festival.

Los eurovisivos Lord of the Lost aparecieron sobre el escenario para romper los esquemas del metal extremo con su propuesta excesiva y ecléctica: destellos, luces y una actitud descarada convivieron con pasajes de metal industrial fusionados sin complejos con pegadizos estribillos completamente pop. El mosh pit se transformó en una pista de baile y obtuvimos exactamente lo que esperábamos.

Llega el turno de Soen. Los suecos vinieron para poner un contrapunto a la agresividad y mostrarnos que es posible hacer un alarde de elegancia, potencia y técnica sin caer en el virtuosismo estéril. Con un setlist un poco más corto de lo que una banda de metal progresivo necesitaría, sobre el escenario sonaron sobre todo temas de sus últimos trabajos, entre los cuales se coló alguna joya de etapas previas como Fraccions o “Lotus”, ante las que caímos rendidos irremediablemente.

Paradise Lost izaron la bandera del metal gótico y el death/doom británico. Desde el minuto uno el ambiente se percibía vibrante y las voces del público no dejaron de corear las canciones de principio a fin. El setlist, gracias a un bloque de tiempo generoso, pudo hacer un recorrido por prácticamente la totalidad de su extensa carrera. La explosión llegó de la mano de los clásicos As I Die y “Embers Fire, con los que la banda demostró de forma rotunda su estatus de leyendas vivas.

Como en todo festival de gran formato, llega el ineludible momento de los dolorosos solapes que nos obligan a priorizar y descartar o a desarrollar nuestras capacidades de teletransportación para disfrutar de al menos una parte de cada bolo. Elegimos esta segunda opción para lo que quedaba de la noche.

Empezar con el huracán que Slaughter to Prevail despierta en cada directo. La experiencia sobrecogedora de Alex Terrible rugiendo mientras las guitarras clavan cada breakdown rítmico con precisión quirúrgica es algo digno de ver y sentir. Brutalidad en su máxima expresión y pits destructivos que hicieron temblar los cimientos del recinto. Tampoco esperábamos menos. Antes del masivo wall of death nos deslizamos ágiles entre el público para llegar al delirio electrónico extremo de Master Boot Record, que ya tenían a miles de personas hipnotizadas con su propuesta vanguardista inspirada en la informática clásica: sintetizadores, chiptune, monitores de tubo parpadeantes y pantallas con cascadas de código binario contrastaban con una guitarra y una batería muy orgánicas. La pista se había convertido en una amalgama de saltos y bailes improvisados como consecuencia de un público que no sabía si hacer un mosh pit o desempolvar los pasos de tiempos pasados en discotecas de electrónica. Posiblemente hayan generado uno de los momentos más curiosos de esta edición.

Antes de que el show terminase, nos desplazamos para coger posiciones y mentalizarnos para el cambio absoluto de atmósfera que llegaría con los franceses Alcest. Pudimos apreciar parte del montaje de la sublime escenografía que les acompaña en esta gira: telas que caían desde lo alto, plantas secas delimitando las posiciones de los músicos, garzas que proyectaban su silueta sobre una luna, todo ello envuelto en una luces que convertían el escenario en una estampa mágica salida de la portada de su último álbum. Una vez más pudimos dejarnos seducir por la atmósfera onírica y melancólica a la que el blackgaze es capaz de transportarnos como casi ningún otro género. Pulcritud y emotividad absolutas convirtieron el directo de esta banda en una réplica perfecta del estudio mejorada por un extra de pegada orgánica.

Después de la imprescindible “Sapphire”, nos obligamos a salir de la ensoñación en la que estábamos para acercarnos al bolo de Darkened Nocturn Slaughtercult, que nos llevaron de golpe de la delicadeza y la luz a una tenebrosidad y frialdad máximas. La perturbadora y magnética presencia de Onielar, una suerte de demacrada sacerdotisa pagana, resulta fascinante en un género históricamente dominado por hombres. El cansancio no impidió que el público se rindiese a la imponencia y crudeza que los alemanes destilaron.

Texto: Sara Nogueras
Fotografía: Cristina Trespando

Agenda: Adgar en Oviedo

La banda cántabra de heavy / power metal Adgar retorna a los escenarios asturianos para presentar sus últimas novedades, nueva alineación y el disco “Máscaras y Demonios” (reseña) editado en el mes de abril vía Maldito Records tras 18 años de silencio discográfico .

La formación compuesta en la actualidad por los veteranos Javi Ochoantesana y Tuko (guitarras), Diego Saiz (bajo), Javier Murga (batería) y el reciente fichaje de Asier Roma (Evil Seeds) que debutaba como nueva voz durante esta gira promocional el pasado 4 de septiembre en Zaragoza recalará en el ovetense Gong Galaxy Club.

Entrada anticipada 12€ + gastos a través del siguiente enlace:
https://salagong.com/evento/adgar/

Crónica: Wacken Open Air 2026

La pasada edición del festival teutón Wacken Open Air cerró su 35º aniversario confirmando que siendo la meca del metal mundial. La llamada de la tierra prometida funcionó a pleno rendimiento, se colgó el cartel de entradas agotadas días antes de arrancar y unas 85.000 almas acudieron sedientas de decibelios para celebrar esta edición tan especial por todo lo alto. Tras años de auténticos calvarios de barro y nubarrones negros, el cielo dio una tregua que dejó las escasas gotas de lluvia sufridas en algo meramente anecdótico. Jornadas de sol radiante y cielos despejados para que la música se pudiera disfrutar con total comodidad y la zona de acampada volviera a ser una fiesta sin incidentes. La nota discordante saltó en los controles de seguridad, con la prohibición de entrar portando parches antifascistas y banderas LGTBQ+. Una decisión errónea que obligó a la organización a emitir un comunicado directo de disculpa y justificación dejando claro su rechazo absoluto a la extrema derecha y apoyo total a la diversidad en la escena.

La inmensidad del cartel de esta edición justifica de por sí un viaje condensado y cronológico por lo más representativo de cada jornada. En la etapa inaugural las niponas Lovebites abrieron fuego en el Faster Stage derrochando un power metal de una velocidad y técnica insultantes. Sus intrincados solos de guitarra y una base rítmica demoledora sorprendieron a los escépticos en estas primeras horas de festival. Demostraron sobre las tablas que el metal japonés no pide permiso, regresa para reclamar su trono por derecho propio.

Cabe reseñar una de las gestas más insólitas y meritorias del metal estatal en Wacken, y es que Alien Rockin’ Explosion, banda residente desde su debut en la “holy land” en el año 2017 festejaron su 10º aniversario con una actuación en uno de los escenarios icónicos del festival, el Wackinger ubicado en la villa vikinga del festival.

El concierto de The Gathering en el Louder Stage fue una de las citas con mayor carga emocional de esta edición. Fecha exclusiva en Alemania y volver a ver en acción a la carismática Anneke van Giersbergen para celebrar el 30º aniversario de “Mandylion”, disco que revolucionó el metal atmosférico y gótico en los noventa, fue generosa recompensa gracias a una interpretación vocal impecable, cálida y magnética que erizó la piel de miles de seguidores que no fallaron a la cita con uno de los regresos más esperados.

La sorpresa de la jornada para un servidor llegaría de la mano de la banda local Velvet Rush que en tiempo récord van camino de convertirse en una de las realidades más frescas y estimulantes del hard rock europeo de raíz setentera. Pinceladas de rock psicodélico y el alma soul que desprende su vocalista Sandra Lian demostraron el por qué de su fichaje por el gigante discográfico Frontiers Music Srl.

El colofón a esta primera jornada lo pondría la leyenda australiana Rose Tattoo. Saltaron al escenario derrochando actitud macarra y ese rock and roll directo a la mandíbula marca de la casa. Con Angry Anderson como punto focal, liderando una descarga cargada de sudor, distorsión y nostalgia. Inmersos en su gira de despedida, la auténtica vieja escuela demostró que el cuero y las cicatrices nunca pasan de moda.

Segundo día con Def Leppard como protagonistas y en la que brilló con luz propia la descarga de Uli Jon Roth. El gurú de la guitarra celebró por todo lo alto los 50 años de «Virgin Killer» de Scorpions. A través de una mística e hipnótica interpretación que nos transportó de lleno a la era dorada del hard rock setentero se hizo acompañar por invitados especiales como Mille Petrozza (Kreator), Nathan James (Inglorious), Vassilios «Lucky» Maniatopoulos (Rage) y Roland Grapow (Masterplan / Helloween). Ofreció una intachable lección de elegancia y raíces imperecederas arropado por un nuevo apartado artístico visual desde las pantallas gigantes del escenario.

La mejor versión en mucho tiempo del genio sueco de las seis cuerdas ofreció una clase magistral de virtuosismo neoclásico a velocidad de vértigo. Entre ráfagas de arpegios imposibles y sus característicos malabarismos con su inseparable Stratocaster. Malmsteen aunó opiniones enfrentadas en un espectáculo de egocentrismo técnico ya que ofreció canciones sensiblemente retocadas, omitiendo muchas de las partes cantadas y que, guste o no, son historia viva del heavy metal.

El que para muchos era el verdadero cabeza de cartel del día llevaba el sello del monumental y esperado regreso de Jon Oliva y sus huestes al festival. Un concierto aniversario que fue una auténtica montaña rusa de heavy metal teatral y operístico. Himnos atemporales grabados a fuego que desataron la locura colectiva y nos recordaron su estatus de leyenda absoluta. La reunión del núcleo histórico de Savatage formado por Al Pitrelli y Chris Caffery, sublimes a las guitarras y un gran Zak Stevens a las voces, desataron un auténtico torbellino de nostalgia y épica, coronándose como el concierto definitivo del día.

Con la caida de la noche llegaba el turno de los reyes del deathpunk noruego. Turbonegro tiñeron el festival de fiesta, provocación y purpurina en el Louder Stage. La gran representación presente de su «Turbojugend» se entregó por completo a un set irreverente, plagado de guitarrazos sucios y estribillos adictivos. Una celebración hedonista que puso la nota macarra, más divertida y descarada de todo el festival.

El descubrimiento del día llevaría el nombre de Wytch Hazel, la formación británica comandada por Colin Hendra tomó por asalto el Wasteland Stage con su mística apuesta visual, luciendo túnicas, ropajes de corte templario y su personal hard rock eclesiástico o proto heavy metal medieval. Ofrecieron una de las mayores delicatessen underground del festival para los amantes de los sonidos revisionistas.

Esta segunda jornada se cerraría con la alianza más oscura y unánimemente aplaudida de esta edición. Un ritual de black metal absolutamente demoledor e irrepetible con Adam «Nergal» Darski y los islandeses Misthyrming uniendo fuerzas para revivir íntegramente «Sventevith«, el disco debut de Behemoth. Una tormenta de blasfemia primigenia y crudeza sónica que clausuró la noche dejando el “suelo santo” completamente calcinado y así conmemorar el 30º aniversario de una obra fundacional.

Pasado el ecuador de esta entrega Wacken vestía sus mejores galas para recibir a Judas Priest. El día comenzaba de manera inmejorable con los británicos Paradise Lost en lo que supuso otra muesca de auténtica clase en la dilatada trayectoria de los padres del metal gótico. Los de Halifax asaltaron el Faster Stage derrochando esa densa bruma de melancolía y pesadez que manejan como nadie. La formación liderada por Nick Holmes y Greg Mackintosh siempre ha considerado Wacken como uno de sus feudos europeos predilectos y el público alemán, fiel devoto de sus atmósferas tristes y riffs monumentales, los recibió una vez más con fervor absoluto bajo un cielo que esta vez sí respetó su show.

El idilio de In Flames con el festival alemán abarca décadas. Desde sus primeras apariciones en los 90 hasta coronarse ante decenas de miles de personas, la banda liderada por Anders Fridén siempre ha considerado Wacken como su segunda casa. El público germano ha sido testigo de su mutación estilística, abrazando tanto sus raíces death metaleras como su aclamado metal alternativo actual. Ante un foso que lució un lleno absoluto dejaron patente la arrolladora química de su alineación actual. El tándem formado por Björn Gelotte y Chris Broderick (ex-Megadeth) a las guitarras ofreció un recital de armonías dobladas y como ya es tradición, su momento cumbre llegó con el moshpit masivo de «Only for the Weak«, adornado por un espectacular derroche visual con la estética de su álbum “Foregone” como protagonista.

Como auténtica lección de historia se podría calificar el paso de Rob Halford y los suyos por esta edición del Wacken Open Air. Plato fuerte del Harder Stage la noche del viernes 31 de julio los británicos desplegaron un show monumental enmarcado en su nueva gira mundial «Faithkeepers«. A través de un viaje cronológico impecable, que satisfizo los paladares más exigentes, abarcando desde el rescate de composiciones setenteras, himnos de su era gloriosa en los ochenta y fogonazos de su material más contemporáneo. A sus A sus 74 años el “metal god” demostró un estado físico y vocal digno de admiración. Si bien economiza movimientos en el escenario y se apoya en el pie del micro en momentos de mayor exigencia, su rendimiento fue simplemente impecable. No faltaron a la cita sus emblemáticos agudos, limpios, lacerantes y desgarradores en temas como «The Ripper» y «Victim of Changes«. Defendió con dignidad encomiable “Painkiller” y derrochó carisma con constantes cambios de vestuario para dejar claro que sigue siendo un referente tambien en lo escénico.

Coronaba la jornada el concierto despedida de los escenarios de una leyenda pirata germana. Running Wild ofrecía un último asalto tras casi 50 años de trayectoria. Su líder indiscutible Rolf Kasparek ha decidido abandonar de forma definitiva las giras aunque seguirá componiendo y publicando álbumes de estudio en el futuro. Voto a brios, particular epitafio el suyo. Sin ninguna novedad en el repertorio que llevarnos al oído ofrecieron un setlist de antología, plagado de resurrecciones inesperadas y estrenos inéditos en directo. Parco en movimientos Kasparek defendió con casta sus característicos fraseos vocales y clavó unos riffs marca de la casa y sello de identidad del speed metal germano. Sin adornos recargados, el último viaje del buque insignia de la armada pirata teutona defendió su legado con gallardía y la aprobación de 85.000 entregados tripulantes.

La jornada final de esta edición fue un fin de fiesta monumental marcado por descargas de adrenalina, comuniones colectivas y retornos muy esperados. Así abrimos la velada con Nevermore, liderados por los miembros históricos Jeff Loomis (guitarra) y Van Williams (batería). La banda sonó como una apisonadora de precisión matemática y es que el turco Berzan Önen asumió la difícil tarea vocal con un respeto reverencial y una solvencia técnica impecable acallando cualquier duda en la defensa de un repertorio enfocado en la era dorada de la banda de Seattle, logrando arrancar lágrimas de nostalgia entre las primeras filas.

Los australianos Airbourne saltaron al Faster Stage con una única misión, demoler el escenario a base de puro hard rock de la vieja escuela. Joel O’Keeffe demostró que es una fuerza de la naturaleza indomable, salta, corre, se da un baño de masas entre el público a lomos de su roadie de confianza mientras vuela la cerveza y el sudor empapa sin remisión el ambiente. Guitarrazos directos al pecho para una banda cruda, sucia y endiabladamente compenetrada que no da tregua en su aspiración al título de hijos bastardos de AC/DC.

La cuarta parada de Angelus Apatrida en Wacken supuso una nueva consagración internacional para los albaceteños. Líderes con puño de hierro del thrash metal patrio, ver cómo asaltaron el Headbangers Stage en esta última jornada fueron motivo de orgullo absoluto para la muchas veces maltratada escena estatal. Salieron a reventar cuellos, derrochando carisma y agitando a un foso hambriento que respondió a través de moshpits y un wall of death devastador.

De la intensidad viajamos en busca de la clase que atesoran el eterno Johnny Gioeli y sus Hardline. Suyas fueron las mayores dosis de elegancia melódica del festival, dueños de un hard rock de alta escuela que para sí quisieran muchas bandas y vocalistas. Simpatía y carisma que se ganaron a la audiencia unida a una apuesta siempre ganadora para los nostálgicos como es la interpretación de los himnos que contiene su obra cumbre “Double Eclipse”. Destacada la cercanía mostrada por Gioeli, interactuando directamente con fotógrafos y fans desde el amplio foso de seguridad, rompiendo la frialdad del lejano escenario.

Si bien Sabaton coronaban el cartel de una edición que daba sus últimos estertores, Powerwolf aprovechó el jugar en casa para llevarse la mayor recompensa. A través de una monumental, teatral y multitudinaria «Misa del Metal» el reverendo Attila Dorn sentó cátedra con una gran demostración de potencia vocal operística. Flanqueado por los hermanos Greywolf a las guitarras y un showman del calibre de Falk Maria Schlegel desde los teclados aprovecharon para meterse al público en el zurrón apoyados en una de las producciones visuales más espectaculares de todo el festival. Un decorado imponente que recordaba las ruinas de una catedral gótica asolada por gigantescas llamaradas que iluminaban la última noche en Wacken.

Con las fuerzas justas cerramos esta edición degustando la pegada densa, pantanosa y cargada de groove de Corrosion Of Conformity. Los de Carolina del Norte despacharon un muro sónico granítico encabezados por un Pepper Keenan sobrio a la guitarra y voz. Ofrecieron un menú con el stoner/doom como plato principal, aderezado por la distorsión para ejercer de contrapeso a la velocidad del power metal de los escenarios principales. Un concierto de la vieja escuela, sin artificios ni proyecciones visuales donde cobra más valor la congregación de unos fieles que lograron uno de los moshpits más densos, polvorientos y salvajes de la jornada sabadeña.

Tras unos años de barrizales caóticos y lodo hasta las rodillas, esta edición al fin permitió disfrutar del festival con una comodidad inusual, equilibrando en lo meramente sonoro bandas que copan grandes estadios con el underground más selecto. El espíritu de hermanad, la cada vez más cercana perfección audiovisual y disfrutar de nuevos titanes que deben recoger el testigo de los típicos nombres que copan las primeras líneas de los carteles son el mayor aliciente para regresar al festival de los festivales. ¡Rain or shine! Nos volveremos a ver Wacken.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: ZZ Top + Wolfmother (Pamplona 18/7/2026)

Siete años después de su último paso por nuestros escenarios el trio tejano ZZ Top regresaba a la piel de toro con energías y una formación totalmente renovadas. El pistoletazo de salida a las 6 fechas programadas tenía lugar en Pamplona con el combo australiano Wolfmother como banda invitada.

El trio liderado por Andrew Stockdale se sumaba a la fiesta inmerso en los fastos conmemorativos del 20º aniversario de la publicación de su ópera prima. Poseedor de una sólida trayectoria Stockdale se ha labrado un merecido reconocimiento como abanderado del revival del hard rock y el stoner del siglo XXI. Si bien a Wolfmother le quedó grande aquella etiqueta recién editado su álbum debut como heredero del incuestionable trono que aún ostenta Led Zeppelin, si que se ha labrado con el paso del tiempo una incuestionable reputación gracias a su gran desempeño en la réplica, modernización y homenaje al sonido pesado, psicodélico y distorsionado que dominó la primera mitad de los años 70.

Precisos con el horario establecido arrancaron unos escasos 55 minutos de tiempo con “Dimension”, tema inicial del mentado primer disco. La puesta en escena fiel al formato original del estilo, ausencia total de efectos especiales, pantallas gigantes o trucos visuales. Una presentación minimalista de puro rock n’ roll, un espectáculo directo y nostálgico ante una audiencia menor de la que una banda de su calado merece.

Ataviados con camisetas de ZZ Top el combo que completan el bajo hiper distorsionado de James Wassenaar y un dinámico Christian Condon a la batería desglosó casi en su totalidad la grabación homenajeada, rozando el clímax con su público a través de himnos generacionales como una temprana “Woman” interpretada en tercer lugar y un cierre por todo lo alto con “Joker & The Thief”.

Por primera vez en su historia con España los tejanos se presentaban sin su clásica formación. Tristemente Dusty Hill nos dejaba en el 2021 pasando a la alineación titular Elwood Francis otrora técnico de guitarras de la banda y para nuestra sorpresa Frank Beard no era de la partida, tomando el relevo a la batería Michael Monahan.

Como si de un combate de boxeo se tratara el trio es presentado a través de los altavoces del escenario para dar paso a los primeros acordes de “Got Me Under Pressure”. Bajo una iluminación espectacular daba inicio la parada navarra del “The Big One! Tour”. Billy Gibbons se muestra solvente a la voz y formidable a la guitarra, Francis por su parte se presenta armado con un extravagante bajo de 17 cuerdas y esa particular imagen que por momentos nos llega a recordar a una caricatura del propio Gibbons. Nada que ver con su desempeño musical, y es que 30 años como técnico para la banda le han llevado al aporte de una interpretación más que fiel del repertorio.

Los nombres han cambiado pero la liturgia se mantiene con coreografías estudiadas al milímetro dentro de una interpretación pulcra y fiel a un repertorio que apenas sorprendió salvo una reducida versión de “My Head’s In Mississippi” y la inclusión de la recién estrenada “Brown Paper Bag” bajo el paraguas de Billy Gibbons en solitario.

El recinto se vuelve un karaoke para himnos atemporales como “Gimme All Your Lovin” y “Sharp Dressed Man” mientras se suceden los cambios de guitarra, de bajo y Gibbons nos da una demostración de habilidad al slide mientras califica a Francis como “el gringo peligroso”. En apenas 60 minutos ya tomaban rumbo a camerinos dejando a una parroquia cercana a las 5.000 personas expectante ante la traca final que se avecinaba.

Cambio de imagen para un poker de bises que no abandonan las directrices que los zeta han mantenido en su trayectoria. Innegociables gafas de sol y atuendos llenos de tachuelas y lentejuelas, ahora con el rojo como color predominante. La banda que cerrará toda enciclopedia que se escriba sobre el rock ponía colofón a su paso por el Navarra Arena con “La Grange”.

Un cierre de puro boogie-rock festivo al que todos nos unimos cuando el emblemático «haw-haw-haw-haw» retumbó en nuestros oídos. Era el delirio esperado para una homilía tejana inolvidable. Una despedida que destiló clase y sudor, un broche de oro perfecto que dejó oídos saturados, cuerpos agitados y la certeza absoluta de que el viejo y buen rock and roll no muere, solo se transforma.

Texto: José Ángel Muñiz

Agenda: Maverick + Lions Way en Oviedo

El combo punk rock Maverick nos presenta su nuevo disco «Nuestra Herencia» el próximo sábado 12 de septiembre en el ovetense Gong Galaxy Club. Una fecha muy especial para los mierenses que contarán con el retorno a nuestros escenarios de los leoneses Lions Way tras su brillante paso por el reciente Rockvera Fest.

El segundo trabajo de la banda ha sido producido, grabado y mezclado por Diego Teksuo. Compuesto por 13 canciones con una duración de 46 minutos veía la luz el pasado 12 de junio bajo el amparo de la agencia Make Some Noise Agency.

Entrada anticipada 8€ + gastos a través del siguiente enlace:

https://salagong.com/evento/maverick-lionsway/

Resurrection Fest 2027: Fechas Confirmadas

El Resurrection Fest nos emplaza para el 2027. Del miércoles 30 de junio al sábado 3 de julio Viveiro volverá a ser el epicentro del mayor festival estatal de rock y metal y uno de los más importantes de Europa bajo el lema “Chapter XXII – Built To Last”.

Tras un nuevo éxito al cerrar 2026 con más de 140.000 asistentes que durante cuatro jornadas disfrutaron de 100 bandas en sus cuatro escenarios se confirma el espectacular status que vive el festival, superando registros de la histórica edición 20º aniversario celebrada en 2025. 

Entradas Early-Bird a la venta el 10 de septiembre a partir de las 12:00 horas.

https://www.resurrectionfest.es

Nos vemos en el 2027, a place called home!